Bogotá – Sisga
Bogotá – Sisga es la salida larga por excelencia: 150 kilómetros de ida y vuelta para ir a buscar el agua al norte de la sabana. Es la ruta de los días con tiempo, de las grupetas que salen temprano y vuelven con el sol de la tarde, y de quienes quieren saber hasta dónde llegan sus piernas.
Se sale por la Autopista Norte, plana y rápida, dejando atrás el Castillo Marroquín y Briceño. Desde ahí la ruta toma la vía a Tunja y encadena Tocancipá, Gachancipá y Sesquilé: potreros, invernaderos, pueblos de plaza e iglesia y el embalse de Tominé cerca. Son kilómetros para rodar en grupo, turnarse al frente y guardar fuerzas para lo que viene.
En Sesquilé empieza la parte seria. Unos siete kilómetros de subida tendida por la troncal, con curvas amplias y buen asfalto, llevan a un alto de más de 2.800 metros. Después la carretera se descuelga hacia la represa del Sisga, construida a mediados del siglo XX para controlar las crecientes del río Bogotá. Desde la baranda amarilla de la presa, el agua, las montañas y las nubes justifican cada pedalazo.
Para volver hay que subir de nuevo, ahora desde el embalse, y desandar la sabana con el viento que a veces sopla en contra. Por eso la parrilla en Briceño sabe a gloria. No es una ruta de grandes pendientes: su dureza está en la distancia, en el ritmo sostenido y en un clima que pasa del sol a la lluvia en minutos. Quien la termina vuelve a casa con la sensación de haber hecho un viaje, no un entrenamiento.
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El puerto más famoso de Bogotá y una vuelta por detrás de los cerros, entre pinos y páramo.
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