Alto de Arepas
El Alto de Arepas es el premio de montaña más sabroso de la sabana. Está sobre la vía que une La Calera con Sopó, a unos tres kilómetros y medio del pueblo y a más de 2.700 metros de altura, y su nombre lo dice todo: arriba esperan las arepas de queso, el jugo recién hecho y una de las vistas más abiertas de las montañas que rodean Bogotá.
Llegar ya es una vuelta en sí misma. La ruta sale de la ciudad y sube Patios por su cara clásica, cruza el alto y baja hacia La Calera con el embalse de San Rafael brillando entre las montañas. Desde el pueblo, la carretera hacia Sopó empieza a trepar sin afán, entre potreros, eucaliptos y puestos de leña a lado y lado, hasta coronar en los restaurantes donde las bicicletas se recuestan en fila mientras sus dueños esperan turno para la arepa.
La subida en sí es corta y amable, de las que se recomiendan a quien empieza en la ruta: pide más paciencia que fuerza. Por eso aquí se cruzan grupetas de fin de semana, ciclistas de gravel, familias en carro y pelotones que la usan como parada antes de seguir hacia Sopó o Guasca. Desde Sopó, en cambio, el ascenso es más largo y se siente más.
El regreso tiene su propia historia. De vuelta en La Calera toca subir Patios por detrás, más largo y tendido, con el estómago lleno y las piernas avisando. En total son unos 50 kilómetros y casi mil metros de ascenso, con dos pasos por el Alto de Patios y la bajada final hacia Bogotá como recompensa. Una mañana redonda: montaña, paisaje y la mejor excusa que existe para pedalear, desayunar arriba.
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150 kilómetros de ida y vuelta hasta la represa del Sisga: la salida larga por excelencia.
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